viernes, 17 de mayo de 2013

The most beautiful neigh of the World “El relincho más hermoso del mundo”




The most beautiful neigh of the World
“El relincho más hermoso del mundo”
Al Che que sabía
Y nos enseñó como
Se hacen los héroes

La gente suele decir, los americanos,
los norteamericanos suelen decir:
León Felipe es un “Don Quijote”
No tanto gentelment, no tanto.
Sostengo al héroe nada más.
Y sí, puedo decir
Y me gusta decir: que yo soy Rocinante.
No soy el héroe
Pero le llevo sobre el magro espinado de
                Mis huesos…
Y le oigo respirar…
Y he aprendido a respirar como él…
Y a relinchar,
Y a blasfemar
Y a injuriar
Y a maldecir…
¡Oh hi – de putas!
¿Cómo es aquel relincho, americanos?
Aquel que empieza:

¡¡¡ Justí i i i i i ….cia!!!
Aquí el acento cae sobre la í ….
Muy agudo y sostenido
Como un vibrante y estridente cornetín;
¡¡ Justí i i i i ….cia !!!
¡¡ Qué bonito relincho !!
Vamos a relinchar ahora todos juntos, americanos …
Desde el Capitolio de Washington,
¡ Fuerte, fuerte, fuerte!
Hasta que el relincho llegue a Vietnam
Y, lo oigan los Vietnamitas
Con el cornetín de la Victoria…
Hasta que lo oigan todos los hombres
Como el cese de todas las hostilidades
Del planeta
¡¡ Justí i i i i … cia !!
Qué hermoso relincho !!!
The most beautiful neigh of the World.
LEON FELIPE

domingo, 28 de abril de 2013

Antonio Gramsci, en el 76 Aniversario de su fallecimiento

Artículo de Antonio Gramsci, publicado en "Il Grido del Popolo" el 29 de abril de 1917.




El 7 de noviembre de 1917, los líderes bolcheviques Vladimir Ilich Lenin y León Trotsky lideraron a los revolucionarios de izquierda en una revuelta contra el ineficaz Gobierno Provisional (Rusia aún estaba usando el calendario juliano, de modo que las fuentes del momento citan la fecha como 25 de octubre). La Revolución de Octubre culminó la fase revolucionaria instigada en febrero, reemplazando el gobierno parlamentarista provisional, encabezado por Kerensky, por el poder organizado y deliberativo de los soviets obreros, soldados y campesinos, verdaderos organismos de participación política y asamblearia por parte de las clases trabajadoras.

l leer los periódicos, al leer el conjunto de noticias que la censura ha permitido publicar, no se entiende fácilmente. Sabemos que la revolución ha sido hecha por proletarios (obreros y soldados), sabemos que existe un comité de delegados obreros que controla la actuación de los organismos administrativos que ha sido necesario mantener para los asuntos corrientes. Pero ¿basta que una revolución haya sido hecha por proletarios para que se trate de una revolución proletaria? La guerra la hacen también los proletarios, lo que, sin embargo, no la convierte en un hecho proletario. Para que sea así es necesario que intervengan otros factores, factores de carácter espiritual. Es necesario que el hecho revolucionario demuestre ser, además de fenómeno de poder, fenómeno de costumbres, hecho moral. Los periódicos burgueses han insistido sobre el fenómeno de poder; nos han dicho que el poder de la autocracia ha sido sustituido por otro poder, aún no bien definido y que ellos esperan sea el poder burgués. E inmediatamente han establecido el paralelo: Revolución rusa, Revolución francesa, encontrando que los hecho se parecen. Pero lo que se parece es sólo la superficie de los hechos, así como un acto de violencia se asemeja a otro del mismo tipo y una destrucción es semejante a otra.

No obstante, nosotros estamos convencidos de que la Revolución rusa es, además de un hecho, un acto proletario y que debe desembocar naturalmente en el régimen socialista. Las noticias realmente concretas, sustanciales, son escasas para permitir una demostración exhaustiva. Pero existen ciertos elementos que nos permiten llegar a esa conclusión.

La Revolución rusa ha ignorado el jacobinismo. La revolución ha tenido que derribar a la autocracia; no ha tenido que conquistar la mayoría con la violencia. El jacobinismo es fenómeno puramente burgués; caracteriza a la revolución burguesa de Francia. La burguesía, cuando hizo la revolución, no tenía un programa universal; servía intereses particulares, los de su clase, y los servía con la mentalidad cerrada y mezquina de cuantos siguen fines particulares. El hecho violento de las revoluciones burguesas es doblemente violento: destruye el viejo orden, impone el nuevo orden. La burguesía impone su fuerza y sus ideas no sólo a la casta anteriormente dominante, sino también al pueblo al que se dispone a dominar. Es un régimen autoritario que sustituye a otro régimen autoritario.

La Revolución rusa ha destruido al autoritarismo y lo ha sustituido por el sufragio universal, extendiéndolo también a las mujeres. Ha sustituido el autoritarismo por la libertad; la Constitución por la voz libre de la conciencia universal. ¿Por qué los revolucionarios rusos no son jacobinos, es decir, por qué no han sustituido la dictadura de uno solo por la dictadura de una minoria audaz y decidida a todo con tal de hacer triunfar su programa? Porque persiguen un ideal que no puede ser el de unos pocos, porque están seguros de que cuando interroguen al proletariado, la respuesta es indudable, está en la conciencia de todos y se transformará en decisión irrevocable apenas pueda expresarse en un ambiente de libertad espiritual absoluta, sin que el sufragio se vea adulterado por la intervención de la policia, la amenaza de la horca o el exilio. El proletariado industrial está preparado para el cambio incluso culturalmente; el proletariado agrícola, que conoce las formas tradicionales del comunismo comunal, está igualmente preparado para el paso a una nueva forma de sociedad. Los revolucionarios socialistas no pueden ser jacobinos; en Rusia tienen en la actualidad la única tarea de controlar que los organismos burgueses (la Duma, los Zemtsvo) no hagan jacobinismo para deformar la respuesta del sufragio universal y servirse del hecho violento para sus intereses.

Los periódicos burgueses no han dado ninguna importancia a este otro hecho: los revolucionarios rusos han abierto las cárceles no sólo a los presos políticos, sino también a los condenados por delitos comunes. En una de las cárceles, los reclusos comunes, ante el anuncio de que eran libres, contestaron que no se sentían con derecho a aceptar la libertad porque debían expiar sus culpas. En Odesa, se reunieron en el patio de la cárcel y voluntariamente juraron que se volverían honestos y vivirían de su trabajo. Esta noticia es más importante para los fines de la revolución que la de la expulsión del Zar y los grandes duques. El Zar habría sido expulsado incluso por los burgueses, mientras que para éstos los presos comunes habían sido siempre adversarios de su orden, los pérfidos enemigos de su riqueza, de su tranquilidad. Su liberación tiene para nosotros este significado: la revolución ha creado en Rusia una nueva forma de ser. No sólo ha sustituido poder por poder; ha sustituido hábitos por hábitos, ha creado una nueva atmósfera moral, ha instaurado la libertad del espíritu además de la corporal. Los revolucionarios no han temido poner en la calle a hombres marcados por la justicia burguesa con el sello infame de lo juzgado a priori, catalogados por la ciencia burguesa en diversos tipos de la criminalidad y la delincuencia. Sólo en una apasionada atmósfera social, cuando las costumbres y la mentalidad predominante han cambiado, puede suceder algo semejante. La libertad hace libres a los hombres, ensancha el horizonte moral, hace del peor malhechor bajo el régimen autoritario un mártir del deber, un héroe de la honestidad. Dicen en un periódico que en cierta prisión estos malhechores han rechazado la libertad y se han constituido en sus guardianes. ¿Por qué no sucedió esto antes? ¿Por qué las cárceles estaban rodeadas de murallas y las ventanas enrejadas? Quienes fueron a ponerles en libertad debían ser muy distintos de los jueces, de los tribunales y de los guardianes de las cárceles, y los malhechores debieron escuchar palabras muy distintas a las habituales cuando en sus conciencias se produjo tal transformación que se sintieron tan libres como para preferir la segregación a la libertad, como para imponerse voluntariamente una expiación. Debieron sentir que el mundo había cambiado, que también ellos, la escoria de la sociedad, se había transformado en algo, que también ellos, los segregados, tenían voluntad de opción.

Este es el fenómeno más grandioso que la iniciativa del hombre haya producido. El delincuente se ha transformado, en la revolución rusa, en el hombre que Emmanuel Kant, el teórico de la moral absoluta, había anunciado, el hombre que dice: la inmensidad del cielo fuera de mí, el imperativo de mi conciencia dentro de mí. Es la liberación de los espíritus, es la instauración de una nueva conciencia moral lo que nos es revelado por estas pequeñas noticias. Es el advenimiento de un orden nuevo, que coincide con cuanto nuestros maestros nos habían enseñado. Una vez más la luz viene del Oriente e irradia al viejo mundo Occidental, el cual, asombrado, no sabe más que oponerle las banales y tontas bromas de sus plumíferos."


viernes, 19 de abril de 2013

Mañana se cumplen 50 años del fusilamiento de Julián Grimau



En la mañana del día 19 de abril de 1963, como hoy, tuvo lugar un Consejo de ministros. Franco decidió que todos se retrataran, que se votase. Que se compartiera la responsabilidad “ante Dios y ante la Historia”. Diecinueve ministros dan el visto bueno para la ejecución de Julián Grimau por un presunto y extraordinario “delito continuado” desde la Guerra Civil.



Franco pretendía con ello, con este acto de crueldad supina, recobrar ante los españoles, tintada de sangre, la legitimidad nacida del triunfo en la Guerra Civil. Y este mensaje quiere enviarlo con la complicidad de su gobierno, de esa amalgama de militares, de miembros del Opus Dei, de tecnócratas…Todos votan a favor, Fraga, y los del OPUS incluidos López Bravo, Ullastres, Navarro Rubio (Hoy esa misma iglesia habla de mártires)

El 7 de noviembre de 1962, es detenido por la policía franquista Julián Grimau. El hecho se produce tras la delación del enlace, que ya no aguanta más torturas de la Brigada Político Social , cuando lo delata y les facilita su detención al señalarles la cita clandestina. A las pocas horas, es terriblemente torturado y cae a la calle desde una venta de la primera planta de la Dirección general de Seguridad al callejón de san Ricardo. El mismo Julián en testimonio recogido por José Ramón Recalde y otros presos en la Carcel de Carabanchel, meses después, les confesaba que no recordaba cual de las dos versiones era la verdadera. Solo la tortura que la motivó es incuestionable.
Julián ha quedado malherido, con el cráneo hundido y las muñecas rotas pero no pueden rematarlo porque se ha agolpado gente en torno a él. Lo llevan a la Casa de Socorro de General Ricardos, donde le operan de urgencia del hundimiento del parietal izquierdo. Lo trasladan al Hospital penitenciario de Yeserías.
Santiago Carrillo habla el 15 de noviembre por Radio España Independiente “La Pirenaica”:
“Me dirijo a todos los españoles, de izquierda y de derecha. No es posible tolerar en silencio que el gobierno siga aplicando la tortura a hombres con cuyas ideas podéis estar de acuerdo o disentir, pero que en todo caso las defienden arriesgando su vida, noble y pacíficamente.
Me dirijo a los hombres que encabezan la Iglesia Católica: ¿Cómo podéis seguir apareciendo en el papel de cómplices o aliados de un régimen que se proclama católico y aplica la tortura?...
Y vosotros, militares, ¿no os percatáis de que, con esos métodos, Franco trata de hundir al ejército en el mismo lodazal, en idéntico deshonor en el que está cayendo su régimen maldecido por la inmensa mayoría de los españoles?
Hacemos un llamamiento a los trabajadores, a los intelectuales, a los hombres de Iglesia, a los militares honestos,. Uníos todos para que Julián Grimau sea el último español torturado.”
En Madrid, Francisco Romero Marín se mueve en los círculos de abogados próximos al Partido, y designan como idóneo para la defensa de Grimau a Amandino Rodríguez Armada. Un hombre corpulento, vehemente, abogado vitalista, bohemio, comunista, que ha aprendido a sortear con habilidad en el trapacero sistema legal de la Dictadura, con una gran capacidad de repentización.
-          ¿Usted es comunista, no, Armandino? –le pregunta en una de las muchas veces en las cuales se ve con él, frente a frente, el coronel Eymar, el temido Juez Especial Nacional de Actividades Extremistas, caballero mutilado de guera.
-          No soy gallego –respondía Fernández Armada en una clara declaración de fidelidad a sus raíces. 

El 6 de diciembre de 1962 Manuel Fraga, nuevo ministro de Información, comienza a justificar la condena de Grimau, con la denuncia de “una campaña que determinados sectores comunistas y filocomunistas llevan contra España” al responder a la Comisión Internacional de Juristas de Ginebra que hayan vuelto a calificar de nuevo al franquismo como un régimen dictatorial. Y continúa:

“Uno de los objetivos de esa campaña es convertir en personajes a individuos como Grimau y Ormazabal, claramente comunistas, o como Marcos Ana, que ustedes conocen y que es un verdadero asesino (sic) Pero quiero indicarles que, así como el proceso del señor Grimau, que estos días ocupa una cierta atención en la prensa comunista, sigue su curso normal y todavía no es posible hacer declaración alguna sobre los hechos recientes, en cambio sí puedo decir que se ha podido investigar sobre la actuación de este señor durante la guerra española en Barcelona y dentro de unos días daremos un dossier espeluznante de crímenes y atrocidades cometidas personalmente por este caballerete.”

El 20 de enero, cuando Grimau ya ha dejado el hospital de Yeserías y ha sido trasladado a Carabanchel, el diario oficial Arriba  publica un editoria, que lleva por título Grimau y sus crímenes, al que se unen otros artículos difamatorios de Emilio Romero en Pueblo,, en base a dossieres servidos desde el Ministerio de Fraga. Intelectuales no comunistas como Pedro Laín Entralgo o Dionisio Ridruejo, firman contra el proceso a Grimau.

Algunos piensan que no pueden juzgar a Grimau por unos presuntos crímenes cometidos durante la guerra, ya que estos han prescrito, pasados casi 25 años. Para ello el régimen inventa el “delito continuado” {ahora algunas quizás dirían “diferido”} porque la decisiónde la sentencia ya está tomada. Delito continuado, según el cual  hay una línea de continuidad entre la actuación de Julián Grimau como policía del Gobierno republicano durante la Guerra Civil y su posterior lucha clandestina.

Julián Grimau permenece durante casi tres meses en la enfermería de la Carcel de Carabanchel y, un día de abril le dejan bajar al patio de la cárce, pero pronto tiene lugar el juicio y lo vuelven a aislar en la enfermería. Casi todos los presos pensaban que a nadie mataban ya por hechos de la Guerra Civil, pero Recalde ya salió preocupado cuando Grimau le habló de la conmutación de la pena tras la aparición de ese extraño concepto pseudojurídico del “delito continuado”.

El juicio fue una pantomima. El único que tenía títulos jurídicos suficientes fue el abogado defensor de Grimau, Alejandro Rebollo., a la sazón joven capitán del Ejército de Tierra y abogado. El Fiscal Hernández Martín ha falsificado sus títulos de derecho, lo que no le ha impedido participar en cientos de consejos de guerra en aquellos años. La mayoría de los jueces militares no tienen la mas mínima noción de derecho, entre ellos el secretario del tribunal, el atrabiliario teniente coronelBalbás: quien ante el ardor, llama al orden al abogado defensor de Grimau:  “- Mida usted sus palabras. Hay periodistas extranjeros en la sala.”
El 18 de Abril tiene lugar el Juicio. Crucifijo. Sable. Militares legos. Se vierten los argumentos de los Dossieres fabricados y difundidos desde el ministerio de Información de Fraga. El abogado defensor, cuestiona si no es verdad la afirmación de Franco sobre que el valle de los caídos es un símbolo de la reconciliación nacional y se arma la marimorena en la sala. . Pero el Tribunal da por visto para sentencia. Siguen las acttuacionwes del Partido y de los intelectuales amigos hacia altos cargos del régimen como el general Muñoz Grandes, a quien se considera único capaz de llevar la contraria a Franco.
En la mañana del día 19 de abril de 1963, como hoy, tuvo lugar un Consejo de ministros. Franco decidió que todos se retrataran, que se votase. Que se compartiera la responsabilidad “ante Dios y ante la Historia”. Diecinueve ministros dan el visto bueno para la ejecución de Julián Grimau por un presunto y extraordinario “delito continuado” desde la Guerra Civil.
Franco pretendía con ello, con este acto de crueldad supina, recobrar ante los españoles, tintada de sangre, la legitimidad nacida del triunfo en la Guerra Civil. Y este mensaje quiere enviarlo con la complicidad de su gobierno, de esa amalgama de militares, de miembros del Opus Dei, de tecnócratas…Todos votan a favor, Fraga, y los del OPUS incluidos López Bravo, Ullastres, Navarro Rubio (Hoy esa misma iglesia habla de mártires)

En su última noche en capilla antes de su fusilamiento, Permitieron a Antonio Rebollo designado su abogado, pasar varias horas con Julián Grimau.. Como luego comentó el abogado hablaron del futuro de España, de la democracia, de la lucha sin violencias, de la reconciliación nacional, de todo lo que negaba aquel acto infame. Hablaron de la Encíclica Pacem Terris, de Van Gogh y Degas. De John Dos Passos…y se abrazan antes de que sonaran las descargas. Dicenque las últimas palabras de Julián Grimau a su abogado fueron:

“La victoria, Amandino, la usufructuarán otros.
Los emboscados, los burócratas.
Los calculadores que permanecen a buen recaudo en la retaguardia…”

domingo, 7 de abril de 2013

Paul Preston se revisa a sí mismo sobre la figura de Santiago Carrillo







En su último libro, El zorro rojo (Debate), Paul Preston analiza la figura del ex líder del PCE, Santiago Carrillo. Según el autor, "Carrillo fue el Stalin español, un personaje negativo para la izquierda, que no sólo destrozó al partido comunista, sino que también contribuyó a destruir al PSOE". Espero a leer el libro para ponderar exactamente en que basa esta argumentación Paul Preston. Pero así a bote pronto supone una revisión en toda regla de la caracterización que él mismo hacía del personaje hace tan sólo 15 años. A continuación transcribo algunas de las ideas con que Paul Preston caracteriza a Santiago Carrillo en su biografía de “Dolores Ibárruri, pasionaria de acero” en Las Tres España del 36, Plaza & Janes 1998. Este radical cambio de actitud, sin que se exiban nuevas fuentes documentales, junto al oportunismo de su publicación y las afirmaciones sobre la actualidad política que traslada el autor en las entrevistas promocionales, su aceptación de las tesis nacionalistas sobre el “café para todos”, como victimización de vascos y catalanes y su apuesta sobre el “federalismo asimétrico”, por ejemplo, no hacen sino ponernos alerta sobre las prendas con que nos puede agasajar el hispanista. Sobre el “estalinismo de Carrillo “ transcribo lo que decía Paul Preston hace 15 años:

“La muerte de Stalin en marzo de 1953 (Acaba de hacer 60 años), conmocionó a Dolores. Era un síntoma de que su propia época se acababa. Después sólo se hicieron los más lentos y desganados esfuerzos por liberalizar al PCE.” p. 375

Durante el V Congreso del PCE en Praga hacia septiembre de 1954, , siguiendo lo que sucedía en el PCUS, Dolores habló mucho de la necesidad de eliminar las actitudes sectarias en el Partido “sin embargo, el secretario de 0rganización de éste, Santiago Carrillo, fue más allá de los vacilantes pasos de Dolores hacia la liberalización. Carrillo no estaba de acuerdo con la posición básica de Dolores y otros dirigentes “históricos” según la cual el objetivo de un amplio frente antifranquista, debía ser la restauración de la Segunda República. A finales de 1955, la mayoría de los dirigentes del partido de hallaba en Bucarest, celebrando el sexagésimo cumpleaños de la Pasionaria, cuando se hizo pública la noticia de que la ONU (incluyendo la Unión Soviética) había votado a favor de la inclusión de dieciséis miembros nuevos, entre ellos España. La reacción de Carrillo, Claudín y Gallego que dirigían el centro operativo de París, fue positiva, pues, aparte del hecho de que Rusia había conseguido añadir Hungría, Bulgaria, Rumanía y Albania a la ONU, veían la inclusión de España como un toma y daca en la búsqueda pos-estalinista de una coexistencia pacífica (…) Por el contrario, Dolores y la vieja guardia denunciaron a las Naciones Unidas por aceptar el ingreso de España.  Pp. 375-376
Carrillo envió a Jorge Semprún a presentar el caso de los “jóvenes leones””. Semprún acompañó a Dolores en un vagón cerrado de Praga a Bucarest (…) La encontró dispuesta a escuchar, pero hostil. Como no deseaba precipitar una fuerte división en el partido, Dolores le dijo que pensaría en lo que había expuesto…” pp. 376-377

En febrero de 1956, se produjo el XX Congreso del PCUS, [llamado de la desestalinización] En la delegación del PCE al Congreso no incluyeron a Carrillo pero sí a Claudín. “LA INTENCIÓN ERA “RECUPERAR” A CLAUDÍN ANTES DE ACUSAR A CARRILLO DE QUERER IMPLANTAR UN REFORMISMO SOCIALDEMÓCRATA Y DE SER UN OPORTUNISTA. SIN EMBARGO, CLAUDÍN HABÍA CONVENIDO CON CARRILLO EN QUE AMBOS CAERÍAN JUNTOS EN SU LUCHA POR RENOVAR EL PARTIDO.”  (…) Al principio del Congreso, Dolores se puso del lado de Uribe y la situación de los liberalizadores pareció sombría; de pronto, ya que había tenido acceso previo al informe secreto en el que Jruschev denunciaría el estalinismo, decidió que las opiniones de Claudín y Carrillo iban en la línea de las nuevas corrientes liberalizadoras del Kremlin. Mandó llamar a Carrillo…” (…)  p. 378
“Libres del yugo estalinista. Carrillo y el grupo de París se dedicaron a satisfacer las exigencias de los comunistas del interior de España de encontrar un terreno común con la nueva oposición a Franco  que surgía entre estudiantes y católicos. (…) En agosto de 1956, cerca de Berlín, se celebró un pleno del Comité Central para ratificar la nueva política, reunión que trajo consigo una espectacular extensión del vacilante proceso de liberalización iniciado en el V Congreso del PCE. Los dos informes principales los presentaron Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo; ambos reflejaban el deseo de emular al PCUS, lo que indica aún más la influencia que ejerció Moscú sobre la democratización del PCE. No obstante, ambos anunciaban importantes cambios en los métodos del partido…” El informe presentado por Carrillo “constituía un análisis sumamente crítico de los defectos de la directiva del partido, en una clara referencia a Dolores Ibárruri. Punzante y lúcido, revelaba SU AMBICIÓN y su determinación de completar el proceso iniciado en 1954. Empezó por denunciar el culto a la personalidad en el PCE, si bien absolvía a Dolores Ibárruri de complicidad en este aspecto. Criticaba a los líderes del exilio por su subjetividad, su sectarismo y su aislamiento de las realidades del interior de España. A la sazón, Carrillo, que administraba el centro operativo  del PCE en París, era secretario general en todo menos en el título formal (…) pp.378-379

En el VI Congreso del PCE, celabrado en Praga del 28 al 31 de enero de 1960, Carrillo fue formalmente confirmado como secretario general, y a Dolores Ibárruri, la “elevaron “ al recién creado cargo de presidente del partido.(…) Frente al duro hecho de que  Carrillo había acumulado mucho poder en sus numerosos años como secretario de organización, no deseaba destruir el PCE con una lucha fratricida. La inexorable concentración de poder de Carrillo continuó, a tal punto que en 1964 eliminó a sus antiguos aliados, Claudín y Semprún. Dolores tuvo poco que ver en esta polémica, aparte de describirles, cuando fueron expulsados, con más tristeza que enojo, como “cabezas de chorlito”  pp 380
En 1969, tras la crítica de la dirección del PCE dirigida por Santiago Carrillo frente a la invasión de Checoslovaquia de agosto de 1968, los rusos promovieron una escisión porosoviética en el PCE, liderada por Enrique Líster. Y escribe Paul Preston: “Cuando Carrillo inició su lucha contra estos elementos estalinistas, recibió el hábil respaldo de la Pasionaria, que, si bien no deseaba enfrentarse con sus viejos amigos y camaradas, sabía que la supervivencia a largo plazo del PCE en el interior de España dependía de su distanciamiento de Moscú..” pp 380-381

Pues bien de estas tesis de apenas hace 15 años ha pasdo Paul Preston a presentar a Carrillo como  alguien que “no sólo destrozó al partido comunista, sino que también contribuyó a destruir al PSOE”. Inaceptable, teniendo en cuando apenas han transcurrido poco más de  seis meses del fallecimiento del biografiado. ¿Oportunismo? ¿Mercancía averiada? ¿Cambio de parecer de Preston? ¿Interés comercial?

sábado, 16 de marzo de 2013

Laura Mintegui: antecedentes dentro de la guerra interminable del nacionalismo étnico vasco.



"Vasco es sólo aquel que posee el euskera (euskaldún)"…Esta es y no otra, la identidad étnica vasca para el nacionalismo étnico. Definición excluyente. ¿Qué es un eskaldún? Un vasco sin romanizar que se enfrenta a todos los demás, los romanos, los visigodos, los musulmanes, los judíos, los castellanos, los españoles…Conclusión: la etnia solo es posible como etnia en guerra. Si la guerra termina, la etnia desaparece, porque un vasco que no resiste a los romanos no es un vasco “Creemos que nuestra vivienda está en el futuro.Pero con semejantes vecinos no hay porvenir posible “ (Joxe Azurmendi, monje franciscano de Arantzazu y gurú del euskanazismo vasco: “Espainolak eta euskaldunak, Los españoles y los euskaldunes”, Fuenterrabía, Hiru, 1995) Para Azurmendi y para los que le siguen, HB-Bildu, “la democracia no es sino una añagaza de la que se valen los descendientes de los romanos, en una fase concreta de la guerra interminable, para mantener sujetos a los vascos, con más comodidad y menos costes militares que en las fases de guerra abierta. Los demócratas no son pacíficas ovejitas , sino los m,ismos encarnizados enemigos de siempre [ Aquí hay que insertar las motivaciones políticas en los asesinatos de Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco, Fernando Buesa, López de Lacalle, Juan María Jáuregui y tantos otros. A  todas sus víctimas ETA las ha convertido en políticas]. 

El nacionalismo y ETA han contribuido a crear dos comunidades en la sociedad vasca, a partir de solidaridades horizontales. Aunque ha habido fuerzas tendentes a los puntos de encuentro, estas ideologías siempre han primado la escisión. El tema salió a la superficie a partir del Pacto de Ajuria Enea de 1988 y del cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997. Tras esos dos acontecimientos hubo el espejismo de que se podía crear un amplio espacio mayoritario de la sociedad democrática vasca bajo la hegemonía del PSOE, con una HB cada vez más minoritaria y aislada. Y ahí vino el vergonzoso pacto de Lizarra, para reagrupar a las huestes del nacionalismo étnico, con el PNV-EA-HB y el “tonto útil” de Madrazo. Ahora se abre un nuevo escenario en el que ETA no mata pero siguen tratando de imponer el mismo programa.

Se repiten episodios de aquellos tiempos, por ejemplo, la victimización de los presos a los que se dificulta sus estudios en la Universidad del País Vasco (En la que torpemente colaboran algunas instancias judiciales y políticas). Laura Mintegi hacia 1989 (Yo entonces comencé a trabajar en la UPV en el Vicerrectorado de Álava) publicó en Egin y Argia que profesores como Jon Juaristi dificultaba a los presos matriculados en la UPV la obtención de orientación bibliográfica y realización de exámenes. El entonces rector de la UPV no amparó al profesor denunciado, y tuvo que ser uno de los alumnos presos, quien desmintiera en Egin y Argia a Laura Mintegi, diciendo que Juaristi no le caía lo que se dice simpático, pero que la tal conspiración era solo un infundio de la profesora Mintegui que, según confesión reciente del propio Jon Juaristi,  “Recibía con regularidad sus programas, y era examinado y evaluado por mí con entera justicia. El preso, al que nunca conocí personalmente, se llamaba José Miguel Azurmendi. Le agradecí por carta su intervención, acusó recibo, y quedamos tan enemigos como siempre. No sé qué ha sido de él, pero intuyo que la candidata de Bildu se la tiene guardada.” (Jon Juaristi)

Fuente: Jon Juaristi Sacra Némesis, Espasa, Madrid, 1999 y http://www.abc.es/historico-opinion/index.asp?ff=20120708&idn=1503047114028

jueves, 14 de marzo de 2013

Fumata blanca, Papa Negro. "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo, 7.16)



¿Por qué filósofos y políticos ilustrados del siglo XVIII odiaron a los jesuitas? ¿A qué intereses servían los más ilustrados de los defensores del Papa? Tras la fumata Blanca, un Papa Negro


Viene esto a cuento de la elección como Papa, del arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio. Ya se han levantado voces que recuerdan algunas manchas oscuras en su biografía durante la dictadura de los 70 en Argentina, se le caracteriza por su conservadurismo doctrinal, en cuestiones como el matrimonio homosexual, frente a su proselitismo social a favor de “los pobres”.Pdero cuando ha podido manifestar este compromiso con los pobres y los oprimidos, durante la dictadura argentina, al parecer no fue todo lo contundente que se le aprecia ahora. Hay que tener en cuenta que según sus cuentas, el 44 % de los católicos que hay en el Mundo, son Latinoamericanos. Son los nietos de los convertidos con la espada y con la Cruz y los hijos de los conquistadores desde 1492 hasta las oleadas emigrantes de españoles, portugueses e italianos hasta bien entrado el siglo XX. Es una de las reservas del catolicismo, pero también unas tierras en las que se están dando movimientos peligrosos al sistema del que la jerarquía católica forma parte, algunos de ellos, han prendido entre los católicos de los países latinoamericanos…¿Trata la jerarquía católica de responder a este reto, disputando de nuevo al socialismo el discurso de los pobres, de una emergencia social de la que no ha sido protagonista como institución, aunque haya podido haber miembros de esa iglesia que sí lo hayan sido, la llamada teología de la Liberación? ¿Han oído ustedes alguna palabra sobre esto en los medios oficiales…Sí se ha escuchado su oposición a algunas medidas como la legalización del matrimonio homosexual, del gobierno Kirchner.... Sea ésta sólo una modestísima aportación histórica.

Hace unos 250 años, los jesuitas también dieron mucho que hablar…
Las causas del odio que la Compañía de Jesús se había atraído en los ambientes ilustrados del siglo XVIII son complejas, pero podrían sintetizarse en dos: su carácter de “milicia de la Iglesia”, en primera línea del gran debate ideológico de la época y el poder y la inmensa influencia que los jesuitas habían alcanzado en todo el mundo. Confesores de muchos monarcas europeos, entre otros de los reyes de Francia, desde Enrique IV, con una importante prestigiosos colegios en los que se formaron no pocas de las grandes figuras intelectuales del siglo: (Voltaire, Prévost, Diderot, Buffon, Morellet, Raynal), lanzados a empresas misionales de extraordinaria importancia y manejando cuantiosos fondos, en torno a ellos se creó el mito de una poderosa “secta” secreta que aspiraba a dominar el mundo sin reparar en los medios. Ya en siglo XVII, el clima antijesuítico fue muy fuerte en Francia, y la enconada disputa conj los renovadores jansenistas, en la que finalmente triunfaron aunque a costa de perder muchas simpatías (se cita un famoso libelo de Pascal, Las cartas provinciales, en las que ataca la casuística acomodoticia que se atribuía a la orden), contribuyó a su descrédito.
Los “Filósofos de la Ilustración” tienden a ver en la Compañía el símbolo vivo del Oscurantismo, el fanatismo y el afán de poder de la Iglesia, y no le ahorran ataques de todo género, mientras que la opinión pública le es cada vez más adversa y grandes sectores de la Iglesia francesa se enemistan también, al ver a los jesuitas en los “agentes” del Papa. Sin embargo, paradógicamente, en el siglo en el que arranca la campaña antijesuítica que culminará con la disolución de la órden, el papel de los discípulos de San Ignacio dista de ser, en conjunto, enteramente retrógrado, y en ocasiones incluso pueden parecer más modernos que los propios “filósofos” que los combatían en nombre de “las luces”.
Los jesuitas se vieron envueltos en dos grandes escándalos que contribuyeron a la disolución y expulsión de la orden. Vistos desde nuestra visión del siglo XXI parecen más bien indicios de vitalidad progresista que de corrupción que es como fueron percibidos mayoritariamente en la época. Un asunto tuvo que ver con la aceptación de ciertos ritos chinos para la liturgia cristiana, lo que no fue sino una acomodación ecléctica que se había llevado a cabo desde tiempo inmemorial por los misioneros para ampliar su base mediante la integración de ritos perfectamente paganos en la liturgia cristiana, lo que se ejemplifica en múltiples casos e incluso la evangelización en la lengua propia de los evangelizados...
La otra polémica tuvo que ver con el asunto de las reducciones jesuíticas del Paraguay, el llamado “Reino Jesuíta”, del Nuevo Mundo, con una organización que bien parece un anticipo de concepciones del socialismo indigenista y bolivariano actual. Fueron muchos los filçósofos que no les regatearon sus elogios, así, Voltaire , Montesquieu, Buffon, D’Alambert, Raynal y otros, nada sospechosos de simpatías clericales los alabaron…
Pero hubo otro escándalo, aunque menor, sin duda más llamativo, el de la bancarrota, en 1760 del padre Lavalette, en palabras de un histortiador católico” un sorprendente filibustero con sotana, que se había creado en las Antillas un pequeño imperio colonial”, atizó los odios antijesuíticos, provocando la supresión de la Compañía en Portugal en 1759,  Francia en 1762 y en España en 1767. En 1773, ante la petición d los monarcas católicos de toda Europa, Clemente XIV disolvió la Orden. A lo que se opusieron Federico II de Prusia y Catalina II de Rusia, que acogieron a muchos de los jesuitas dispersados. D’Alambert cantó victoria, pero Voltaire se mostró más cauto, acogió en sus propiedades a alguno de ellos y le recordó a D’Alambert, no sin ironía, el refrán que dice “mejor malo conocido que bueno por conocer”…
La Pragmática Real de Carlos III de expulsión de los Jesuitas de sus reinos, en 1 de abril de 1767 decía: “ ..estimulado de gravísimas causas relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi real ánimo….”
El encargado de instruir la causa contra los jesuitas españoles fue el ilustrado asturiano  Pedro Rodríguez de Campomanes, (Tineo, 1723-Madrid, 1802) Ministro de Hacienda del primer gobierno de Carlos III, en 1760 presidido por el primer ministro Conde de Floridablanca y despojado de sus cargos ante el temor que despierta en el rey Carlos IV la Revolución francesa en 1789. Campomanes, es el ministro ilustrado español encargado de redactar el informe secreto que motivará la expulsión de los Jesuitas de los reinos de España: En dicho informe se lee: “¿Qué prudente Estado viviría tranquilo nutriendo en sus entrañas un veneno oprimido, un resto depositado de aquella infección letal que le puso a los extremos de la enfermedad?” En dicho informe se acusa a los jesuitas de ser una peligrosísima organización proclive a conjuras y sediciones, un cuerpo ambicioso y poderosísimo que sirve a una potencia extranjera: “Los Estados Pontificios” (Entonces más amplios y lindantes de las posesiones de Carlos III en el Reino de las dos Sicilias) y de estar detrás de los motines de 1766. Pero los jesuitas expulsados de España a los Estados Pontificios, no podrán fondear en Civitavechia, y serán, después de un largo y azaroso viaje confinados a Córcega, antes de ser trasladados a los territorios pontificios. Después de mucho tiempo, fueron los borbones los que los reintegran a sus territorios italianos. 

En definitiva, los Jesuítas fueron concebidos por los ilustrados del siglo de las luces como los más peligrosos opositores al progreso de las ideas. Sin duda por su caracter intelectual y también por su capacidad para organizar alternativas a los proyectos ilustrados. Aunque algunas, como las reducciones jesuíticas, parecieran incluso más progresistas que las actuales de la Teología de la Liberación. "Por sus frutos los conoceréis"  (Mateo, 7.16)




Uno de los Jesuítas que se salvaron de la expulsión fue el jesuita vasco Manuel de Larramendi padre del protonacionalismo vasco, al que dedicaremos próximamente otra entrada en este blog.