lunes, 24 de marzo de 2014

Suárez de Villano a Héroe…La Clase política dirigente española de la Transición y Adolfo Suárez,Refrescando la memoria.


Llama la atención la utilización de la figura de Adolfo Suárez por la actual clase política. A muchos ciudadanos nos indigna que quienes de forma casi unánime, salvo honrosas excepciones, lo arrinconaron, acuchillaron y ningunearon, ahora lo eleven a los altares, den medallas y nombren aeropuertos, proponiéndole como héroe, ensalzando sus virtudes para a continuación insinuar, en un impúdico ejercicio de proyección manipuladora, que a todos les corresponde, de alguna manera, una buena parte de las mismas. En el fondo era un héroe y era uno de los nuestros. Pues no señor. Vayamos por partes, como diría Jack “el destripador”, siguiendo a Javier Cercas en su, no menos elocuente y consecuente con Jack “Anatomía de un instante”


LA FIGURA DEL HÉROE

“A finales de 1989. Cuando la carrera política de Adolfo Suárez tocaba a su fin, dimitiría el 26 de mayo de 1991 de la presidencia del CDS tras su enésima derrota electoral, Hans Magnus Enzensberger celebró en un ensayo  el nacimiento de una nueva clase de héroes: los héroes de la retirada. Según Enzensberger, frente al héroe clásico, que es el héroe del triunfo y la conquista, las dictaduras del siglo XX han alumbrado el héroe moderno, que es el héroe de la renuncia, del derribo y el desmontaje: el primero es un idealista de principios nítidos e inamovibles; el segundo, un dudoso profesional del apaño y la negociación; el primero alcanza su plenitud imponiendo sus posiciones,; el segundo, abandonándolas, socavándose a sí mismo. (…) ¿Adolfo Suárez un héros? ¿Y un héroe moral, y no sólo político? Tanto para la derecha como para la izquierda era un sapo difícil de tragar: la izquierda no olvidaba –no tenía por qué olvidar- que, aunque en un determinado momento quiso ser un político progresista, y hasta cierto punto lo consiguió, Suárez fue durante muchos años un colaborador leal del franquismo y un prototipo perfecto del arribista que la corrupción institucionalizada del franquismo propició; la derecha no olvidaba –no debería olvidar- que Suárez nunca aceptó su adscripción a la derecha, que muchas políticas que aplicó o propugnó no eran de derechas y que ningún político español de la segunda mitad del siglo XX ha exasperado tanto a la derecha como él. (…)
Ahora, (…) cuando la enfermedad ha anulado a Suárez y su figura es elogiada por todos, quizá porque ya no puede molestar a nadie, hay entre la clase política española un acuerdo en concederle un papel destacado en la fundación de la democracia; pero una cosa es haber participado en la fundación de la democracia y otra ser el héroe de la democracia. ¿Lo fue?...”

UN HÉROE MUY RARO QUE HAY QUE ELIMINAR A CUALQUIER PRECIO

Tres días antes del Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981: “La situación económica de España roza la catástrofe, el terrorismo aumenta, el escepticismo respecto a las instituciones y sus representantes hiere profundamente el alma del País, el Estado se desmorona bajo el asalto del feudalismo y de los excesos autonómicos, y la política exterior española es un fiasco. En “la gran cloaca madrileña”, que es como Suárez llamaba por aquella época al pequeño Madrid del poder hacia 1981, como nos recuerda Javier Cercas, ante la crisis que describía el corresponsal de París Match . Desde el verano de 1980 la crisis del país es cada vez más profunda. Muchos comparten el diagnóstico del corresponsal de Paris Match: la salud de la economía es mala, la descentralización del Estado está desarbolando el Estado y exasperando a los militares, Suárez se muestra incapaz de gobernar mientras su partido se disgrega y la oposición trabaja a conciencia para terminar de hundirlo, el encanto inaugural de la democracia parece haberse desvanecido en pocos años y en la calle se palpa una mezcla de inseguridad, pesimismo y miedo, además está el terrorismo, sobre todo el terrorismo de ETA, que alcanza dimensiones desconocidas hasta entonces mientras se ceba en la guardia civil y el ejército.

 “Tanto para los franquistas como para los demócratas, tanto para los ultraderechistas de Blas Piñar o Girón de Velasco como para los socialistas de Felipe González y para muchos comunistas de Santiago Carrillo y muchos centristas del propio Suárez, el único responsable de aquella crisis es Adolfo Suárez, y la primera condición para terminar con aquella crisis es sacarlo del gobierno. Es una pretensión legítima, en el fondo sensata, porque desde mucho antes del verano [de 1980] Suárez es un político inoperante; pero la política es también una cuestión de forma (…) y aquí el problema no es de fondo sino de forma: el problema no consistía en echar a Suárez, sino en cómo se echaba a Suárez. La respuesta que debió dar a esta pregunta la clase dirigente española es la única respuesta `posible en una democracia tan endeble como la de 1981: mediante unas elecciones; la respuesta que dio a esta pregunta la clase dirigente española no fue ésta y fue precisamente uniforme: a cualquier precio. Fue una respuesta salvaje, en gran parte fruto de la soberbia, de la avaricia de poder y de la inmadurez de una clase dirigente que prefirió correr el riego de crear condiciones propicias a la actuación de los saboteadores de la democracia antes que seguir tolerando en el gobierno la presencia de Adolfo Suárez.

TODOS CONTRA SUÁREZ

No de otra forma se explica que desde el verano de 1980 políticos, empresarios, dirigentes sindicales y eclesiásticos y periodistas exageraran hasta el delirio la gravedad de la situación para poder jugar a diario con soluciones dudosamente constitucionales que hacían trastabillar el ya de por sí trastabillante gobierno del país, inventando atajos extraparlamentarios, amenazando con encasquillar el nuevo entramado institucional y creando un maremágnum que constituía ideal del golpismo.
El día 2 de diciembre de 1980 Joaquín Aguirre Bellver, cronista del diario ultraderechista El Alcázar, describía así el ambiente político del Congreso:  “Golpe a la Turca, Gobierno de Gestión, Gobierno de Concentración…Una carrera de caballos de Pavía […] A estas alturas el que no tiene su fórmula de golpe es un Don Nadie. Entre tanto Suárez pasea sólo por los corredores, sin que nadie le haga caso.” (…)Era una mezcla tramposa, letal; de esa mezcla surgió el 23 de febrero: las operaciones políticas fueron la placenta que nutrió el golpe”, suministrándole argumentos y coartadas

Conspiran contra Suárez periodistas de El Alcázar, El Imparcial, Heraldo Español, Fuerza Nueva, Reconquista. Algunos relacionan a Luis María Anson. Aunque Anson fue ayudado por Suárez en su época de director de RTVE, cuando creyó que lo iban a procesar por un artículo suyo publicado en ABC . Luego le correspondió cuando Adolfo Suárez fue nombrado Presidente del Gobierno por el Rey en 1976, quien lo nombró presidente de la Agencia EFE, dos meses más tarde.  Sin embargo ya desde 1977 Anson estaba convencido de que Suárez era un político débil y acomplejado por su pasado falangista y que estaba entregando el poder de la nueva democracia a la izquierda, momento a partir del cuál se convirtió en un detractor implacable de la política del presidente; implacable y público: Anson reunía periódicamente en el comedor de la agencia EFE a políticos, periodistas, financieros, eclesiásticos y militares, y en esos encuentros agitó dede muy pronto el descontento contra su antiguo patrocinado…

También conspiraban contra Suárez (…) los financieros y los empresarios y el partido de la derecha a quien jalean los financieros y los empresarios: Alianza Popular(…). No siempre había sido así. Al principio de su mandato financieros y empresarios apoyaron  sin reservas al nuevo presidente del gobierno porque entendieron que apoyarlo era apoyar a la monarquía y porque la monarquía los convenció de que aquel simpático chisgarabís, que había empezado de botones en el edificio del Movimiento y lo conocía al dedillo despué de haber barrido hasta su última covachuela, era el capataz ideal para dirigir la obra de demolición [controlada] de una arquitectura obsoleta que durante cuarenta años les había sido de suma utilidad pero que ahora sólo entorpecía sus negocios y los avergonzaba ante sus colegas europeos..Pero Suárez una vez echa su labor no se marchó; al contrario: lo que ocurrió fue que el botones ascendido a capataz se creyó arquitecto y se puso a levantar el edificio flamante de la democracia sobre el solar arrasado del edificio de la dictadura. Ahí empezó el problema (…) Suarez empezó a darles largas, a rechazar consejos y palmaditas en la espalda, a esquivarlos o ignorarlos ..o a hacer gestos que ellos interpretaban como desaires, y terminó por no recibirlos en La Moncloa…Fue así como descubrieron a su costa algo que en el fondo quizá habían sospechado desde siempre, y es que el antiguo y complaciente botones escondía a uno de esos gallitos de provincias que incuban como un rencor el sueño de plantar cara al más fuerte de la capital. Fue así como descubrieron también, a medida que notaban con preocupación que los negocios marchaban cada vez peor, la tardía o improvisada vocación socialdemócrata que aquejaba a Suárez y que indistintivamente atribuyeron a su incapacidad para desembarazarse de su educación de joven falangista con la revolución pendiente, a su afán por emular a Felipe González, el joven y brillante líder socialista, y a su obsesión por ganarse las credenciales de pureza democrática que otorgaba el beneplácito del periódico El País. ..

Fraga. Casi nadie tenía razones más poderosas que Fraga para considerar a Suárez un usurpador. Fraga había sido el niño protegido de la Dictadura. Y Felipe González, en una celebérrima frase que algunos han interpretado con un intento de halagar a Fraga y humillar a Súarez, cuando en mayo de 1980 desde la Tribuna del Congreso declaró que a Fraga le cabía el Estado en la Cabeza. Sí hubiera sido verdad esta frase, lo cierto es que tampoco le cabía mucho más en término de capacidades políticas. Fraga era la antítesis de Suárez, daba la impresión de saberlo todo y de no entender nada…Y el 19 de Febrero dice en la Tribuna del Congreso: “ si se quiere dar el Golpe de timón, el cambio de rumbo que todos sabemos necesario, se nos encontrará dispuestos a colaborar. Y si no, no (…)


Los socialistas: Puede bastar un recordatorio de lo que decía Guerra de Suárez, al que ahora ensalza_ Suárez regenta la Moncloa como una güisquería", Alfonso Guerra (1979)

"Suárez es como un tahúr del Misisipí con chaleco floreado" Alfonso Guerra (1980)

"Suárez es un perfecto inculto procedente de las cloacas del franquismo" Alfonso Guerra (1980)

"Entre Suárez y Fraga sólo hay una diferencia: Fraga se pela con los pelos de punta y Suárez lo hace hacia atrás" Alfonso Guerra (1980)

"Suárez llegó a perder toda credibilidad. Se convirtió en una bailarina de pasos contrarios"
Alfonso Guerra (1982)

"Son todos unos afeminados de derechas" Alfonso Guerra (1983)

"Suárez, como Luis XIV de Francia, piensa que el Estado es él" Felipe González (1980)

La Iglesia Católica, en el otoño de 1980 también se han roto las buenas relaciones hasta entonces entre Suárez y la Iglesia católica. La causa la Ley del Divorcio. Mañana le ofrecerán un funeral religioso en la Catedral de Ávila, Descanse en Paz. 

Basado en:
Javier Cercas: Anatomía de un instante, Septiembre, 2010

sábado, 22 de marzo de 2014

"LA MEMORIA EN RETAZOS" Santiago Carrillo escribe sobre Suárez






Adolfo Suarez y Santiago Carrillo, coinciden en ser, dos de los principales artífices del paso de la distadura a la democracia en España a partir de 1976, que lideraron necesarias etapas de lealtades y consensos entre diferentes, y que posteriormente sufrieron la derrota y la relegación política, arrinconados por propios y ajenos. Santiago Carrillo murió hace un año y seis meses, lúcido hasta el final y Adolfo Suarez lo ha sobrevivido apenas 18 meses, aunque lleva más de 10 años atacado por el Alzheimer. Ahora recuperamos aquí, la Memoria conque Santiago Carrillo apuntaba en breves trazos sus impresiones y recuerdos del Adolfo Suárez de la Transición, proceso histórico que unió a a ambos. De héroes, traidores y líderes imperperfectos, pero necesarios.


¿Cómo veía Carrillo la trayectoria política de Suárez? “La figura de Suárez ha sido muy singular. Habiendo empezado a hacer política en el régimen franquista, siempre, desde que le conocí, me dio la impresión de ser un hombre que estaba convencido de que su destino era restablecer la democracia. Esa impresión la extraje de toda su conducta en la transición: la firmeza de su comportamiento, la lealtad a su palabra en las relaciones con la izquierda. Y el odio del que fue objeto por los ultras del franquismo. Confieso que desde que le conocí fue uno de los líderes de la transición que me pareció más digno de confianza, aunque en algunos momentos su política pareciera errática y vacilante. 

Suárez había gobernado ya precariamente en la primera legislatura, haciendo consensos con la izquierda, y en ese periodo lo hizo muy bien. Pero , en la segunda, los poderes fácticos y la derecha de su partido le tenían sometido a una fuerte presión para que dejara de consensuar con la izquierda. Comenzó su discurso de investidura poniendo fin a la política de consenso y anunciando que iba a aplicar el programa de su partido, la UCD. Su situación se tornaba así más crítica en una Cámara en la que no tenía mayoría y en su propio partido, en el que una parte sufría el tirón del PSOE y otra, más numerosa el de la derecha de Fraga(...). 

En esa legislatura yo pensaba que Suárez seguía siendo necesario en una democracia todavía muy frágil. Pero en realidad Suárez estaba ya muy bloqueado en su propio partido y tenía las manos atadas para tomar iniciativas audaces.

Su dimisión y su ruptura con la derecha para formar el Centro Democrático y Social me llevaron a recuperar la confianza en la firmeza de su paso a la democracia..."


Febrero de 1983 “Comentando la situación, Suárez llegaba a la conclusión, compartida por mí, de que era conveniente colaborar para que se desarrollara un partido de Centro, nítidamente democrático, que disputase esa zona de la sociedad a la derecha y que se recuperase y fortaleciese el PCE, con su política eurocomunista; dos condiciones que ambos considerábamos necesarias para la seguridad de la democracia y su desarrollo y profundización.(…)”

En aquel momento a Suárez se le veía preocupado por la debilidad del Gobierno socialista ante militares sobre los que había razones para pensar que no habían abandonado sus inclinaciones golpistas. Ahora pienso que para esa fecha Felipe González ya se había decantado por la OTAN y por la política atlantista, como la vía fácil para dar al ejército una perspectiva profesional que le distrajera de su inclinación histórica a intervenir en la política interna, como si se tratara de un partido político armado destinado a tener la última palabra en las contiendas nacionales.” [Esto me recuerda que puede aplicarse a la actual situación de ETA]

En las elecciones legislativas de 1986, Adolfo Suárez consiguió llevar al Congreso a una veintena de diputados. El CDS no tenía muchas simpatías ni en la derecha ni en el PSOE; chocaba con la fuerte inclinación bipartidista de ambos. Yo que siempre había dudado de la dimensión electoral de eso que se llama el centro social, pensaba que en las circustancias de España sería positiva la existencia de un partido de centro progresista como el que podía encabezar Suárez. Quizá influido por el recuerdo de la UCD de la transición, que a mi manera de ver había sido muy positivo. Aquella UCD nunca llegó a ser el representante orgánico de la derecha social española, que terminó descomponiéndola..

Aunque Suárez y yo hemos pasado largas temporadas sin vernos, siempre hemos mantenido una relación amistosa y cordial. Y cuando nos hemops encontrado, al comentar la situación política nuestros análisis han coincidido en muchos aspectos. Recuerdo una entrevista a mediados de los años noventa, en una situación bastante confusa en que, refiriéndonos a lo que considerábamos falta de buen sentido de los políticos en activo y con mando en plaza, llegamos a la conclusión de crear con algunos ya retirados un grupo reducido de personas de  "buen sentido" que en un momento excepcional pudiéramos  publicar artículos...la idea no llegó a concretarse nunca [Qué lástima]

Adolfo Suárez volvió a mostrarme su amistad en el acto de entrega de la medalla de la Universidad Carlos III, presidido por el rector Gregorio Peces Barba, con un cálido discurso que me emocionó.

Independientemente de los avatares de la política y de la vida, creo que seguiré viendo a Adolfo Suárez como el hombre que se lo jugó todo en la empresa de abrir las puertas a la democracia en España."


Santiago Carrillo “La memoria en retazos”, marzo de 2003, pp. 31 y ss.

lunes, 10 de febrero de 2014

LOS INTELECTUALES Y LOS MAESTROS DURANTE LA II REPÚBLICA




La II República fue verdaderamente la “toma del poder” –en muy diversos terrenos- por la llamada “generación de los intelectuales”, es decir, la generación de 1914, la de Machado, Ortega, Azaña , Negrín y, SOBRE TODO, Unamuno. Seguían los consejos de este último de intentar contribuir a la cultura universal. Casi todos sus integrantes fueron becarios, fuera de España, de la Junta para la Ampliación de Estudios, salvo Negrín cuya familia de la burguesía exportadora canaria, pudo pagar sus estudios en Alemania, como ya vimos. 

Pero la generación de Ortega de la República quiso también cambiar las estructuras políticas de España. Estas ideas republicanas venían de atrás. En marzo de 1914 Ortega había dicho: “En historia, vivir no es dejarse vivir; en historia, vivir es ocuparse muy seriamente, muy conscientemente, del vivir, como si fuera un oficio. Por eso es menester que nuestra generación se preocupe con toda conciencia, premeditadamente, orgánicamente, del porvenir nacional. Es preciso hacer una llamada enérgica a nuestra generación.” Tuvieron la suerte de no participar en la I Guerra Mundial, donde cayeron en los campos de batalla muchos de sus coetáneos europeos.

El primero que oyó el llamamiento de Ortega fue el empresario vasco papelero y editor Nicolás de Urgoiti, quien fundó y financió el Diario El Sol, un diario liberal dedicado a la transformación política de España, al que, poco después se sumaría su hermano El Liberal, de Bilbao. “Liberalismo y modernidad, entrega sustancial del poder a fuerzas democráticas dirigidas o auxiliadas por hombres nuevos que transformen la estructura de España…” De ahí que, al proclamarse la II República, Ortega y su generación sentían que había empezado a realizarse el sueño de sus años mozos. Mas también para una gran parte de la población española la primavera de 1931 fue el júbilo de sentir a España dentro de la historia moderna de Europa, en sincronía política con los países más avanzados del mundo. Pero los intelectuales toparon con una tozuda realidad: se demostró que la realidad social española no estaba preparada para una transformación como la intentada por los intelectuales de la generación de 1914. 

El giro que dio España hacia la democracia en 1931 iba en contra de las tendencias imperantes en la Europa de la época. Mientras que otros países europeos tomaban derroteros conservadores o hacían experimentos hacia el fascismo, e incluso la Unión Soviética ponía el freno estalinista a su revolución, el gobierno español puso en marcha un programa pedagógico revolucionario. Los electores españoles habían mostrado su rechazo a la monarquía manifestándose a favor de la república, y la coalición republicano-socialista estaba convencida de haber recibido el mandato para acabar con los abusos de los reyes, militares y de las oligarquías forjando una nueva nación basada en los principios de la justicia, la libertad y la igualdad. 

Hubo bastantes diputados socialistas y republicanos que habían pasado por la Institución Libre de Enseñanza, e inspirados por ello pensaban que su tarea consistía en crear un conjunto de ciudadanos que se identificaran como españoles, y para conseguir dicho objetivo intentaron configurar una identidad nacional cohesionada con el cemento de la cultura. Por ejemplo, estaban convencidos de que si ponían ante el pueblo una serie de creaciones culturales comunes –tales como el Quijote de Cervantes o Las Meninas de Velázquez-, caerían las barreras sociales y económicas existentes entre la población rural y urbana, uniendo a la gente “atrasada” del campo con los “progresistas” de las ciudades. 

Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción pública de la República decía refiriéndose a las “Misiones Pedagógicas” que recorrían comarcas más o menos rurales y aisladas, llevando obras de teatro, poemas, canciones, etc. : “Intentábamos resucitar en la mente del campesinado los valores culturales creados por sus antepasados. Pretendíamos hacer que fuera consciente de su historia, despertando en él un sentimiento de verdadera “Hispanidad”-y la Hispanidad propiamente dicha significa ni más ni menos que  una conciencia de los ideales y aspiraciones del pueblo español-. Eso es lo que pretendíamos hacer…poniendo al campesino en contacto con las grandes obras creativas de la conciencia colectiva española”.

Esa cultura común –que, como es natural, ponía de relieve ante todo los valores urbanos y castellanos- debía paliar las fisuras causadas por las diferencias de clase, de religión y de región, y se convertiría en una importante vía de integración de las masas en la nueva estructura política y social de España. Y aún lograría más cosas. Esa cultura común modernizaría y, por consiguiente, europeizaría España, haciendo que el país pudiera rivalizar con otras naciones europeas en poder e influencia. La pluralidad de la coalición, republicanos, socialistas y catalanistas y sindicatos, dificultaron la labor a la hora de ponerse de acuerdo en la metodología, sobre todo los catalanistas que rechazaban de plano esa unidad cultural y nacional. 

Se tomaron las ideas pedagógicas más avanzadas del momento. E intento de laicismo de la Tercera República francesa; modernos modelos procedentes de la revolución rusa y de la mexicana, que insertaron con las ideas culturales autóctonas como las Misiones Pedagógicas. La mayoría de los intelectuales republicanos y socialistas pensaban que la democracia, la unidad nacional y el progreso sólo podían alcanzarse mediante una cultura común. Versiones comunes sobre el pasado español. El ministro republicano Marcelino Domingo decía: “…Donde la cultura falta, el sistema democrático se pervierte, se esteriliza, se desfigura o cae, no por la presión, sino por la interna consunción”.

Por eso se propusieron la creación de una gran infraestructura educativa. En apenas  cuatro años se construyeron más de 3.000 escuelas en España con maestros impregnados por los principios y valores de las nuevas metodologías pedagógicas. Además de las Misiones Pedagógicas, la Barraca y un sinfín de iniciativas autónomas y libertarias. Que visitaron má de 500 pueblos con sus actores, sus gramófonos, sus poemas y bibliotecas ambulantes. Las derechas los consideraban una desnacionalización y descatolización de los españoles., porque hablaban de las Españas y despertaban el espíritu crítico de los campesinos.

Por eso los maestros se fueron convirtiendo, junto a los sindicatos, los obreros y jornaleros y partidos políticos en los principales enemigos de clase y de modelo de país. Cuando llegó la hora de la guerra la propaganda del clero y de las derechas hicieron que uno de los focos de la represión se cebará en los maestros y maestras republicanos, que fueron depurados, apartados de su profesión, trasladados a otras provincias, encarcelados y directamente asesinados durante la guerra y la postguerra...PERO ESO YA SERA OBJETO DE OTRA ENTRADA EN ESTE BLOG.

jueves, 6 de febrero de 2014

Juan Negrín, intelectual y político, socialista y republicano, hombre de Ciencia y de Estado




Perseguido por la imagen de los vencedores que lo incluyeron en "los malos españoles", siempre vinculado al "oro de Moscú"  y de sus correligionarios que lo expulsaron del PSOE por su pretendido y más que discutible pliegue a "los comunistas" etc., en este caso el doctor Negrín es otro gran desconocido para la mayoría de los españoles. Él mismo,probablemente dada su humildad como hombre de ciencia en su afán de anonimato, contribuyó a borrar las huellas de su transcedente paso por la política de Estado de la España del siglo XX.Fue un hombre de ciencia y de Estado un gran exponente de aquella generación de españoles que entre 1931 y 1936 protagonizaron un importante intento de modernización y de reinsertar en Europa a la atrasada y replegada España.

Juan Negrín López nació en Las Palmas el 13 de febrero de 1892, hará pues en breves días 122 años. Pertenecía a la oligarquía comercial de las islas que dio importantes hombres de letras a la España de principios del siglo XX y ahora nos da mediocres ministros de industria y energía. Entre otras cosas, en aquella época era costumbre de esta burguesía enviar a los vástagos a estudiar a Europa y tras cursar precozmente el bachillerato, el joven Negrín marchó a Alemania y se matriculó en la Facultad de Medicina de  Kiel y poco después en la de  Leipzig, donde obtuvo el grado de doctor el 3 de agosto de 1912, con poco más de veinte años de edad. En los años siguientes continuó realizando investigación y funciones docentes en el Instituto de Fisiología de Leipzig y se casó con una joven de la alta burguesía rusa que también estudiaba allí. Así se familiarizó con el idioma ruso, que añadió al inglés, francés y, alemán que ya dominaba. (Fue un Erasmus con buen aprovechamiento aquél…)

Resultado de todo ello fue que Juan Negrín fue uno de los miembros de la generación de 1914 más europeizados. España contaba ya  desde 1906 con todo un Premio Nobel en medicina como don Santiago Ramón y Cajal, quien pudo servir de guía y ejemplo para el joven investigador en fisiología. Por otra parte, aquella Alemania era también la vanguardia del socialismo europeo, que entonces era sinónimo de ser “moderno” de ser “europeo”. La Primera Guerra Mundial devuelve a Negrín a España, quien en 1917, gracias al apoyo de Cajal, se instala en un laboratorio específicamente formado para él en los sótanos de la Residencia de Estudiantes de Madrid. En 1922 ganó la cátedra de fisiología e la Universidad de Madrid y al año siguiente fue nombrado secretario de la facultad de Medicina, cargo en el cuál se reveló su gran capacidad ejecutiva, que  compaginó con la de secretario  de la Junta constructora de la Ciudad Universitaria, desempeñada sin percibir retribución alguna hasta el comienzo de la Guerra Civil.

En la primavera de 1929, Negrín ingresó en el PSOE, lo que fue noticia y se publicó en El Socialista, dados los pocos intelectuales que habían dado aquel paso en la época. El Doctor Negrín publicó entonces un artículo en El Socialista que llevaba por título “La democratización de la Universidad”, en el que concluía que la democratización para él equivalía a facilitar el “ingreso de la masa proletaria en la Universidad”, porque de esa manera la actividad intelectual española adquiriría mediante este aporte de jóvenes de las clases trabajadoras “un sentido más humano y una concepción más seria de la vida, mayor virilidad y entereza”, en sus palabras  y quedaría quebrantado “tanto narcisismo infecundo”. Sin embargo, el doctor Negrín no se incorporó al grupo directivo del Partido Socialista (como había sucedido en el caso de don Julián Besteiro, catedrático de Lógica , a la sazón presidente del partido tras el fallecimiento de Pablo Iglesias). No se adscribió tampoco a lo que luego sería la corriente liderada por Francisco Largo Caballero, sino que se mantuvo en una posición netamente “republicana”. Para Negrín el PSOE era entonces “el único partido republicano que existe en España”, en el sentido del único que podía conciliar las fuerzas necesarias para modernizar y europeizar España. Estas afirmaciones las hace en una Conferencia que dio en la Casa del Pueblo de Madrid el 1 de diciembre de 1929 bajo el título de “La Ciencia y el Socialismo”, en la que afirmó “fui republicano desde que tuve sensibilidad política”. Y  añadía: “Ésta fue una razón decisiva para mí” en relación con su ingreso en el Partido Socialista.

Estas afirmaciones lo vinculaban a la minoría republicana de los dirigentes socialistas, en la que destacaba Indalecio Prieto, con quien mantendría una amistad que se enfrió durante la guerra y que acabó con la animadversión de Prieto hacia Negrín a la que luego nos referiremos.

La entrada oficial del doctor Negrín en la actividad política  nacional fue en 1931, siendo elegido diputado a Cortes constituyentes de la II República por la circunscripción de Las Palmas, gracias mas que al apoyo de su entorno social y familiar, al de los obreros del puerto de Las Palmas, que lograron sacar junto al doctor Negrín a otro diputado, su colega el doctor Pascua. La fragilidad de la implantación del PSOE en aquel distrito se puso de manifiesto con su derrota en las elecciones de 1933. Pero entonces podía presentarse un mismo candidato por varias circunscripciones y así resultó elegido por Madrid, en tercer lugar de la lista socialista. Y fue reelegido en febrero de 1936, por lo que estuvo en las Tres legislaturas de las Cortes republicanas. Su participación en ellas se centró como portavoz socialista en la Comisión de presupuestos, contribuyendo al esfuerzo en políticas de enseñanza de la República.

Paralelamente, su dominio de idiomas hizo posible que se le nombrara para diversas representaciones de la nación española en organismos internacionales: la Oficina Internacional de Trabajo, Sección de la Sociedad de Naciones con sede en Ginebra y la Unión Interparlamentaria Europea. Conoce bien las consecuencias de la crisis financiera de 1929 y el auge de los fascismos en Italia y Alemania y los peligros que esto entrañaba. De resultas de todo ello, en 1936 el doctor Negrín era uno de los escasos diputados socialistas que  sabían cuán difícil podría transformarse la estructura del País en las condiciones internas y en el escenario europeo de entonces y apuesta por Indalecio Prieto como el único candidato con la fuerza, la inteligencia y el coraje necesarios para la jefatura del gobierno y consideró como un grave error de Azaña, la designación de Casares Quiroga.

Negrín realizó gestiones con algunos amigos  de los partidos de la derecha para “que evitaran rompimientos irreparables”. Otros intelectuales que habían intentado lo mismo, como el doctor Marañón o el propio Unamuno, se refugiaron en el exilio interior o en el exterior, pero el doctor Negrín apostó por participar activamente con toda su energía e imaginación en una guerra que él había intentado evitar, y así, tras facilitar los traslados a muchos científicos nacionales y extranjeros a lugares seguros en Europa y América, aceptó el nombramiento de ministr de Hacienda el 4 de septiembre de 1936 en el nuevo gobierno presidido por Largo Caballero., bajo la indudable indicación de Prieto. Negrín tenía una visión estratégica de la Hacienda republicana con dos funciones: una función nacional, la de proveer de fondos al esfuerzo de guerra de la República y una segunda, la de cumplir con los compromisos financieros contraídos por la República antes de 1936. Ambas funciones requerían de una operación fundamental: la de contar con las necesarias divisas extranjeras. Esta opción le llevóa tomar dos decisiones estratégicas y necesarias que fueron muy discutidas y marcaron su figura para muchos: Por un lado el control de las fronteras y puertos republicanos, para lo cual se creó el cuerpo de carabineros de la República, que no gustaba entre otros a algunos anarcosindicalista, por la interferencia que suponía en el control de las mismas por sus milicias, que además controlaban determinados tributos como los procedentes de las exportaciones de cítricos,  y, por otro lado, el debatido asunto del Oro de Moscú.

Pare este asunto de las Reservas de oro, un economista nada cercano a Negrín, citado por Juan Marichal le relató que Negrínreunió a los técnicos del Ministerio de Hacienda y éstos estuvieron de acuerdo en el derecho de un gobierno  a disponer de sus reservas metálicas para hacer frente a una situación como la creada por la guerra. La eficacia y firmeza de Negrín en el ministerio de Hacienda y su contribución al esfuerzo de la guerra, fue el que decidió a Azaña a confiar al Doctor Negrín, la presidencia del Gobierno republicano tras la crisis de mayo de 1937. Y aquí empieza lo que Juan Marichal ha calificado “la segunda revelación de una capacidad insospechada para el gobierno, tras la primera de Manuel Azaña en el otoño de 1931.

La capacidad de concepción internacional, global diríamos ahora, de Negrín se puso patente em la sesión de la Sociedad de Naciones de septiembre de 1937  en la que Negrín acudió a Ginebra cono jefe de la Delegación de la República Española, dándose cuenta de la dimensión internacional del conflicto. El doctor Negrín pronunció un histórico discurso en francés que fue alabado por su forma y por su contenido por la prensa internacional. La tesis central de su discurso fue mostrar que el problema español había de verse como un preludio de lo que se avecinaba en toda Europa y aconsejaba, sabiamente a sus oyentes que se preparasen para un futuro sombrío. Un periodista español destacado en Ginebra alabó el “empaque con que el doctor Negrín lo ha leído” y la “elegante pronunciación de nuestro compatriota”.

Dentro de su despliegue diplomático, al día siguiente, Negrín ofreció un almuerzo a los demás miembros del Consejo de la Sociedad de Naciones, sentados a sus costados el ministro ingés Eden y el francés Delbos. El mismo periodista testigo de aquellos acontecimientos escribió que la relación de Negrín con ambos ministros 2 ha adquirido un tono muy difícil de lograr para otro hombre que no fuera el jefe del Gobierno español” y poco más adelante afirma: “el doctor Negrín constituye el mejor argumento contra todas las campañas que han intentado mermar la significación de la República”.  De Ginebra vuelve un Negrín y una causa republicana muy reforzados. Él mismo, como muchos ciudadanos europeos y en el mundo entero pudieron sentir que la causa republicana representaba una batalla importante dentro de la guerra que se libraba ya contra el nazismo y el fascismo  a nivel mundial o al menos de Europa. La responsabilidad republicana española, por tanto era muy considerable. Sostenerse en pie –“resistir”, como se diría desde 1938 era defender ya a Europa en una guerra general, que podía comenzar en cualquier momento. Este clima perduró entre septiembre de 1937 y julio de 1938 cuando comenzó la Batalla del Ebro, como correlato militar de esta estrategia de resistencia.
Sin embargo en Europa eran otras las estrategias que dominaban en las democracias occidentales. El 29 de septiembre de 1938 se celebró la Conferencia de Munich en la que Francia e Inglaterra permitían a Hitler la anexión de los sudetes pertenecientes a Checoslovaquia, abriendo la expansión de Alemania que ya había comenzado con la anexión de Austria.
El 21 de septiembre de 1938 intuyendo lo que pasaba en Europa propuso la retirada de los combatientes de  las Brigadas Internacionales, a cambio de que Italia y Alemania retirase sus unidades regulares y su apoyo directo descarado al bando franquista. Negrín ejecutó la retirada de las Brigadas Internacionales y pidió que una comisión de la Sociedad de Naciones presenciara la salida de los últimos brigadistas de España. El 17 de Octubre de 1938, se celebró en Barcelona un homenaje a los brigadistas en la que el pueblo de Barcelona despidió masivamente a los interbrigadistas.
A fines de 1938, poco antes de la retirada del Ebro y del inicio de la última ofensiva del ejército franquista contra Cataluña, Negrín encargó a Ignacio Hidalgo de Cisneros una última misión desesperada a Moscú para solicitar el envío rápido de material bélico para la República. Le entregó tres cartas escritas en ruso de su puño y letra para Kalinin, Stalin y Vorochílov ministro de defensa, donde daba cuenta de la petición de ese material que fue valorado en 103 millones de dólares. El gobierno soviético acordó enviarlo, aunque consideraba que las reservas de crédito contra el oro del Estado español estaba ya prácticamente agotado. Le material fue embarcado en Murmansk en siete buques soviéticos. Los dos primeros llegaron a Burdeos, pero el gobierno francés retrasó su traslado por territorio francés, así que cuando el material comenzó a llegar, ya no había capacidad ni espacio para montar los aviones que llevaban, etc.
Tras la retirada de Cataluña, Azaña se refugió en Francia y ya no regresó al Centro, cosa que sí hizo Negrín. Azaña dimitió en París, lo que propició quemlos gobiernos francés e inglés, consumando su traición a la república española, reconocieran al Gobierno de Franco cuando aún el presidente Negrín estaba en Madrid.
Pero las democracias occidentales cedieron en la citada Conferencia de Munich y la suerte de la república española quedó echada.

A pesar de ello Juan Negrín se apoyó en los sectores militares, políticos y sindicales que con más eficacia y energía se pusieron de su lado, que fueron sectores amplios del socialismo y los comunistas. Negrín Acuñó una frase muy definitiva: “La guerra se pierde da unos la guerra por perdida”. El resto de la historia es conocida. El golpe de Estado de Casado respaldado por Besteiro y por el anarcosindicalista Mera, cuando el Gobierno estaba reunido en Elda el 6 de marzo de 1936. Saliendo hacia el exilio desde el aeródromo de Monóvar el día siguiente.

Al final de la contienda se instaló en Francia, de donde se trasladó a Londres, donde continuó presidiendo el Gobierno de la República en exilio hasta 1945. Sin embargo, la mayoría de los partidos políticos y diputados a través de la Diputación Permanente desconocieron la legalidad de un Gobierno en el exilio en julio de 1939, poniendo en cuestión la gestión del Servicio de Evacuación y creando una Junta de Auxilio a los Refugiados, cuya actuación ha sido objeto de fuertes críticas.

Trasladado a México con ocasión del final de la Guerra Mundial, sus divergencias con Indalecio Prieto y Diego Martínez Barrio provocaron su dimisión ante las Cortes en el exilio. Negrín y una treintena de socialistas fueron expulsados del PSOE el 23 de abril de 1946, aunque fueron rehabilitados en el Congreso Federal socialista de 2008. Después de pasar un tiempo en el Reino Unido, fijó su residencia definitiva en Francia. En 1947 el doctor Negrín publicó en el Herald Tribune de París unos artículos que produjeron conmoción entre los exiliados españoles. En  ellos pedía a Estadis Unidos y a los administradores del llamado Plan Marshall, que estudiaran los medios de incorporar a España al grupo de naciones que debían recibir los beneficios de la ayuda norteamericana. Esto demostraría que, contrariamente a su imagen de subordinado a los comunistas y a la URSS, Negrín actuó siempre teniendo en cuenta los intereses del sufriente pueblo español.
Falleció en París a la edad de 64 años, de una dolencia cardíaca. Está enterrado en el cementerio del Père Lachaise. Dejó dispuesto que su muerte se anunciara dos días después, y que sobre su lápida no se escribieran más que sus iniciales: "J.N.L."